Pedagogía de la Querencia: educar para pertenecer sin dejar de mirar el mundo
El nuevo libro del Dr. Alvaro Cardenas Orozco propone reconstruir el aula desde el territorio, la memoria y los saberes de la comunidad. Su apuesta central es tan sencilla como transformadora: el arraigo también puede educarse.
Basado en el libroPedagogía de la QuerenciaColección MILC, Tomo II · Leer gratis en Zenodo →
Durante mucho tiempo, la escuela ha enseñado a los estudiantes a mirar lejos. Los grandes acontecimientos históricos parecen haber ocurrido siempre en otros continentes; las innovaciones llegan desde países distantes y los conocimientos reconocidos como importantes suelen proceder de libros escritos en contextos muy diferentes al propio. Mientras tanto, el río cercano, las historias del barrio, los saberes campesinos, las memorias familiares y los problemas del territorio permanecen fuera del aula.
Esta contradicción constituye el punto de partida de Pedagogía de la Querencia, segundo tomo de la Colección MILC (Modelo de Investigación Liberadora y Científica), escrito por el docente e investigador colombiano Alvaro Cardenas Orozco.
La obra formula una pregunta que interpela directamente a la educación contemporánea: ¿por qué formamos estudiantes que conocen el mundo, pero desconocen el lugar que habitan?
No se trata de rechazar el conocimiento universal, la ciencia, la tecnología o la posibilidad de viajar. El problema aparece cuando la educación ofrece alas, pero olvida construir raíces. Cuando esto ocurre, los estudiantes pueden aprender a pensar que lo valioso siempre está afuera, que su comunidad tiene poco que enseñarles y que progresar significa necesariamente abandonar y olvidar el lugar de origen.
La educación debe ofrecer alas, pero también raíces.
La querencia como competencia educativa
En el lenguaje popular, especialmente en las comunidades rurales, la querencia es el afecto profundo que una persona desarrolla por el lugar al que pertenece. No es únicamente nostalgia ni apego emocional. Es la relación que se construye con un territorio, su gente, su memoria, sus conflictos y sus posibilidades.
La principal tesis del libro sostiene que la querencia puede educarse. El arraigo no sería entonces una condición con la que algunos nacen, sino una competencia que la escuela puede desarrollar con la misma responsabilidad con que enseña lectura, pensamiento crítico, matemáticas o ciencias.
Formar querencia implica que el estudiante aprenda a reconocer su territorio, comprender su historia, escuchar a quienes lo habitan, investigar sus problemas y participar en su transformación. Una persona arraigada no es aquella que nunca se marcha, sino la que sabe de dónde viene, comprende el lugar que ocupa en el mundo y puede decidir libremente si permanece, viaja o regresa.
Esta distinción es fundamental. El libro no propone encerrar al estudiante en lo local ni convertir la identidad en una frontera. Por el contrario, plantea una educación con raíces profundas y puertas abiertas. El estudiante puede dialogar con el mundo entero sin avergonzarse de su acento, su familia, su barrio o su procedencia.
Una crítica a la escuela que desarraiga
Pedagogía de la Querencia analiza la manera en que ciertas prácticas escolares pueden producir desarraigo sin proponérselo. Esto sucede cuando el currículo se presenta como un conocimiento abstracto y aparentemente universal que no conversa con la vida cotidiana de los estudiantes.
El libro identifica tres dimensiones de esta herida educativa:
- El desarraigo epistémico aparece cuando los conocimientos de la comunidad son considerados inferiores, anecdóticos o poco científicos. La palabra del agricultor, el artesano, la partera, el adulto mayor o el líder comunitario queda por fuera de la escuela porque no posee el reconocimiento de un título académico.
- El desarraigo territorial ocurre cuando el estudiante puede memorizar ríos, montañas y regiones distantes, pero desconoce la procedencia del agua que consume, los ecosistemas cercanos o las transformaciones ambientales de su municipio.
- El desarraigo identitario ocurre cuando una persona aprende a sentir vergüenza de su origen y comienza a creer que para ser reconocida debe parecerse a otros, abandonar sus costumbres o romper los vínculos con su comunidad.
La obra advierte que estos procesos no son accidentales. Se relacionan con una tradición educativa marcada por el eurocentrismo y por la idea de que existe una única forma legítima de producir conocimiento.
De la filosofía de la liberación al aula
La propuesta se apoya especialmente en el pensamiento del filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel y en su distinción entre Totalidad y Exterioridad.
La Totalidad representa el sistema que se considera completo y termina ignorando todo aquello que no cabe dentro de sus categorías. Llevada a la educación, puede entenderse como el aula que se cree autosuficiente y deja afuera el territorio, la comunidad, la memoria local y los saberes populares.
La Exterioridad, en cambio, está formada por las personas, experiencias y conocimientos que el sistema no reconoce. Abrir el aula a la exterioridad significa permitir que aquello que tradicionalmente fue excluido también participe en la construcción del conocimiento.
El libro establece además un diálogo con Paulo Freire, Orlando Fals Borda, Boaventura de Sousa Santos, el pensamiento decolonial y la investigación participativa. Estas perspectivas coinciden en que la educación no debería limitarse a transmitir contenidos, sino ayudar a las comunidades a comprender críticamente su realidad y transformarla.
Desde esta mirada, el maestro deja de ser el dueño absoluto de la palabra. Su función no desaparece, pero cambia: se convierte en mediador, investigador y constructor de puentes entre el conocimiento académico y los saberes del territorio.
Una obra nacida en la escuela pública
Uno de los rasgos más significativos del libro es que no fue escrito desde una oficina alejada de la vida escolar. Surge de la experiencia de la Institución Educativa Sor María Juliana, en Cartago, Valle del Cauca, y del ecosistema de investigación educativa ConectaTE.
A lo largo de la obra aparecen las «Ventanas al Aula», experiencias reales que muestran cómo las ideas pedagógicas se expresan en situaciones concretas. En una de ellas, al estudiar la historia de la tecnología en grado octavo, la pregunta «¿de quién es el acueducto?» tenía una respuesta automática: los griegos y los romanos. Pero la clase descubrió que los zenúes, en las llanuras del San Jorge y el Sinú, levantaron durante casi dos mil años una red de canales y camellones que controló las inundaciones en unas seiscientas mil hectáreas. Ese hallazgo le enseña a un estudiante que la técnica no es un regalo que llegó de afuera, sino un saber que también inventaron los suyos.
Cartago no funciona simplemente como el escenario donde se escribió el libro. Se convierte en un lugar desde el cual se piensa la educación. Sus ríos, barrios, familias, instituciones, memorias y problemáticas permiten demostrar que cualquier territorio puede convertirse en fuente legítima de preguntas y conocimientos.
Esta perspectiva resulta especialmente importante para la educación pública latinoamericana. Muchos estudiantes crecen escuchando que deben marcharse para encontrar oportunidades. Pedagogía de la Querencia no niega las dificultades sociales ni idealiza el territorio, pero defiende el derecho de los jóvenes a reconocerlo, comprenderlo y participar en su transformación.
Del pensamiento a las prácticas concretas
El libro no se limita a formular una crítica. Su quinta parte presenta un manual metodológico que permite llevar la propuesta al aula mediante cuatro herramientas:
- La cartografía del lugar. Los estudiantes construyen mapas que no representan solamente calles y edificios, sino también memorias, conflictos, recursos, afectos, personajes y espacios significativos.
- El aula como ágora. La clase se transforma en un espacio público de conversación donde pueden encontrarse las voces del maestro, los estudiantes, las familias y los sabedores de la comunidad.
- La investigación situada. Los problemas de investigación dejan de elegirse únicamente por su presencia en un libro y comienzan a surgir de la observación del territorio: el agua, los residuos, la memoria que desaparece, los ecosistemas, la movilidad, la convivencia o las prácticas culturales. Es el mismo principio con el que trabajan los semilleros de investigación de la institución.
- Un programa por etapas. Una ruta progresiva para desarrollar la querencia desde sexto hasta undécimo grado, de modo que el arraigo no quede reducido a una actividad aislada, sino que se convierta en un proceso formativo sostenido.
Estas herramientas conforman el denominado Kit de Aula Situada, pensado para que cada maestro pueda adaptarlo a las condiciones de su institución y someterlo a la prueba de la realidad.
Educar para quedarse, partir o regresar
Uno de los aportes más humanos de la obra es su defensa del derecho a permanecer. En numerosos territorios colombianos y latinoamericanos, marcharse no siempre representa una elección libre. Puede ser consecuencia de la pobreza, la violencia, el desplazamiento o la falta de oportunidades.
Frente a esta realidad, formar querencia también constituye un acto de justicia. Significa que un joven pueda quedarse sin sentir que ha fracasado, viajar sin negar sus raíces y regresar con conocimientos que contribuyan al bienestar de su comunidad.
Las alas permiten conocer otros mundos, imaginar posibilidades y ampliar los horizontes. Las raíces permiten elegir sin ser arrastrados por cualquier viento.
Una invitación a volver a mirar lo cercano
Pedagogía de la Querencia no ofrece una fórmula terminada. Propone una invitación: volver a mirar el lugar que habitamos como si todavía no lo conociéramos.
Para los docentes, esto significa preguntarse desde dónde enseñan y qué voces continúan ausentes de sus clases. Para los estudiantes, implica descubrir que su territorio también merece ser estudiado. Para las comunidades, representa la posibilidad de recuperar a la escuela como espacio de encuentro, memoria e investigación.
La transformación educativa que plantea el libro comienza con un gesto aparentemente pequeño: reconocer que debajo de cada aula existe un territorio y que alrededor de cada escuela hay personas que también pueden enseñar.
Cuando la escuela se abre a esas voces, deja de ser una isla y comienza a convertirse en el corazón cultural de la comunidad. Allí, el estudiante no solo aprende contenidos. Aprende a comprender de dónde viene, a dialogar con el mundo y a decidir, con libertad y conciencia, hacia dónde quiere ir.
Ese es el sentido más profundo de la querencia: aprender a habitar el mundo sin olvidar el lugar desde el cual comenzamos a mirarlo.
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